En defensa de la filosofía
Hay pocas cosas que nos gusten más a aquellos que nos solemos dedicar a eso de la filosofía que escribir. No porque nos sea placentero, ciertamente, y quizá tiene mucho que ver con cierta selección ambiental: solo aquellos que escriben tienen alguna posibilidad de mantenerse vivos en el ámbito académico y laboral de la filosofía especializada. Sin embargo, hay otra razón bastante oscura que trasciende a ese tipo de motivaciones: en el fondo, cuando escribimos, somos un poco monarcas absolutos de la mirada del otro. ¿Qué culmen más brillante del pensamiento filosófico que el silencio de los otros mientras la voz monológica del que escribe se convierte en el centro de la experiencia? ¿Qué mayor valor hay para unas palabras que convertirse en el discurso elegido ante el silencio atento del lector? Cuando la nueva Ley de Educación ha provocado una nueva ola de apoyo por parte de los defensores de la filosofía a la reivindicación de un ciclo completo de pensamiento filosófico entre ...